Arcana Natura®

La Naturaleza te revela sus secretos para que saques de ellos el mejor partido. Esa "Gran Madre", apenas conocida y muy mal y dolorosamente aprovechada es ahora redesubierta por todos aquellos que, sufriendo en propia carne los llamados "males del mundo moderno", tratamos de retornar a las antiguas tradiciones, recuperar los conocimientos de nuestros ancestros y buscar una nueva manera, más ecológica e inteligente, que nos permita enfrentarnos a la dura vida diaria y sus exigencias.

Nombre:
Lugar: Manzanares el Real, Madrid, Spain

jueves, noviembre 02, 2006

El elemento líquido:

Además del aceite y el álcali (ya sea sosa o potasa), la elaboración de jabón necesita de un componente líquido. El más básico de estos componentes es el AGUA, no la del grifo ni la mineral, pues ambas contienen elementos que modifican su pureza, sino un agua destilada, limpia de cualquier tipo de añadidos. Antiguamente nuestras abuelas utilizaban agua de lluvia que, al fin y al cabo, sufre un proceso de destilación natural, pero hoy en día no está recomendada, ya que al caer se va impregnando de la contaminación de nuestra atmósfera cargándola así de componentes que, no sólo no son beneficiosos, sino que, en un buen porcentaje, son altamente perjudiciales.

Pero el hecho de que recomiende un agua de absoluta pureza no significa que dicha agua no pueda ser enriquecida con las propiedades y principios esenciales de las plantas, enriquecimiento que logramos a través de diversos procedimientos que englobamos bajo los términos generales de TISANAS y PREPARACIONES GALENICAS.

TISANAS: Estas preparaciones son muy sencillas y se utilizan en prácticamente todos los hogares, pues no sólo sirven para los jabones y la cosmética, sino que son habitualmente utilizadas en preparados medicinales caseros (como la infusión de manzanilla o los vahos de eucalipto) o para disfrute de nuestro paladar (como un delicioso té Earl Grey bien caliente). La amplia variedad de plantas susceptibles de ser preparadas en tisana, sus diferentes partes y sus diferentes principios esenciales hacen que sean varios los métodos a utilizar para la extracción de lo mejor que hay en ellas.

Infusión:
Este método lo utilizamos para extraer las cualidades que se hallan en las partes aéreas de la planta (hojas, flores y tallos verdes), cuya delicadeza y ternura permiten una mas fácil obtención de sus principios básicos. Lo más adecuado es desmenuzar las partes de la planta que vamos a utilizar (la cantidad dependerá de la concentración que precisemos), colocarla en un recipiente de porcelana, barro, esmalte, vidrio o acero inoxidable y verter sobre ella agua hirviendo. Hemos de mantener la infusión de cinco a diez minutos (en función de la planta) con el recipiente bien tapado, porque los principios activos así extraídos suelen ser muy volátiles y no queremos que se escapen con el vapor. Estas tisanas no conservan demasiado tiempo sus cualidades, por lo que han de ser utilizadas inmediatamente.

Decocción:
Utilizamos este método para las plantas más duras, para los tallos leñosos, las raíces, cortezas y semillas duras. El proceso es muy simple: introducimos la planta en agua fría (recordando que la cantidad determina la concentración), llevamos el agua a ebullición con el recipiente cerrado y lo dejamos hervir de tres a cinco minutos en función de la planta. La extracción así es más profunda que con la infusión y mantiene las propiedades durante más tiempo.

Maceración:
Este es el sistema que utilizamos para tratar las plantas sensibles al calor pues, gracias al agua fría, podemos conservar sus propiedades. De lo que se trata es, en esencia, de la inmersión de la planta en agua fría, en recipiente tapado y en un lugar fresco. Algunas plantas requieren únicamente 24 horas para soltar sus principios esenciales, pero hay otras que pueden exigir hasta diez días de inmersión. La planta debe estar machacada para que se procese con mayor facilidad.
Nota: la maceración no es un proceso exclusivo de las aguas, ya que puede utilizarse también el vino, el vinagre, alcohol, aceite, etc.

PREPARACIONES GALENICAS: con esta denominación genérica englobamos otros sistemas de extracción de los principios activos de las plantas que requieren una actividad especial o profesional o que precisan de la utilización de materiales o menaje de laboratorio.

Extractos:
Con este nombre nos referimos a la solución que se obtiene mediante la “lixiviación” de la planta en agua. Es este un proceso similar al funcionamiento de una cafetera italiana, es decir: reducimos la planta a polvo y hacemos pasar a través de ella vapor de agua para que éste arrastre todos sus principios esenciales y sus cualidades. Este procedimiento da lugar a un líquido al que llamamos “extracto húmedo”, pero que puede ser nuevamente tratado para que se produzca la evaporación del agua de tal modo que se concentre en una pasta blandita a la que llamamos “extracto fluido” (la evaporación se mantiene hasta que logramos que el extracto tenga el mismo peso que tenía la planta que estamos tratando”. Pero podemos llevar la evaporación hasta el extremo máximo para obtener un polvo al que llamamos “extracto seco” pero que no utilizamos en jabonería.

Hidrolatos:
Este líquido se obtiene mediante el proceso de destilación aplicado a una maceración de plantas. Un ejemplo es el “agua de rosas”.

Hidrolizado:
Se trata de disolver la planta o el aditivo en el agua que vamos a utilizar. En mi caso los componentes que disuelvo son los ácidos (como el cítrico) y el azúcar (que hace más espumosos los jabones), pero hay hidrolizados que son muy habituales en cosmética, como el “agua de azahar”.

Mixturas:
Simplemente se trata de la mezcla de distintas soluciones líquidas para que la acción de unas plantas se vea reforzada por otras. Ojo, del mismo modo que una solución puede potenciar las cualidades de otra, también se puede dar el efecto contrario, provocando la neutralización de los principios esenciales con los que queremos trabajar.

Por último he de deciros que el agua no es el único líquido que podemos utilizar, pues hay otros que en sí mismos ya contienen cualidades y propiedades que son beneficiosas para nosotros y que podemos aprovechar a la hora de fabricar nuestros jabones o nuestras cremas. Así, nos podemos encontrar con la “leche de cabra”, muy nutritiva y suavizante, el perfecto complemento para la manteca de cacao (la leche de vaca no la utilizo porque genera un olor a amoníaco que no resulta agradable); también podemos disfrutar de lo que nos ofrecen las frutas y las plantas carnosas en forma de jugos o zumos (como el aloe vera, los cítricos, etc) y otras leches vegetales (como la de soja o la de avena) que son estupendas para nuestra piel.

domingo, octubre 22, 2006

Grasas vegetales para hacer jabón:

Los aceites vegetales se obtienen por la presión en frío de frutos y semillas, siendo la primera presión la que nos hace obtener el mejor y más puro de los aceites. Estos son los de más calidad, aunque ello repercute bastante en su precio, pero no podemos olvidar que la mayor calidad de estas grasas está vinculada a la mayor presencia de sus principios activos y de sus propiedades beneficiosas. Cuando compremos un aceite destinado a la producción de jabones o cosmética, debemos tener cuidado en asegurarnos de que no ha sido refinado y de que no ha sufrido ningún tratamiento químico.

Un aceite es, por definición, un “triglicérido”, es decir: está formado por un alcohol (glicerina o glicerol) y tres ácidos grasos que son los que le dan sus especiales cualidades. Los ácidos grasos que lo componen son ácidos orgánicos compuestos de carbono, hidrógeno y oxígeno, y harán de nuestro aceite una grasa “saturada” o “insaturada”, por lo que también debemos tener en cuenta, a la hora de elegir, que la instauración hace que los jabones se vuelvan más líquidos (en el caso de usar la potasa) o más cremosos (si utilizamos la sosa). También podemos encontrarnos con la calificación de “poliinsaturado”, algo importante dado que, este tipo de aceites, son más propensos a la oxidación.

Para completar lo comentado en los párrafos anteriores hemos de tener en cuenta las siguientes cualidades de los ácidos más habituales: el “esteárico” es saturado, el “láurico” disuelve rápidamente la grasa y genera mucha espuma, el “linoleico” es poliinsaturado, el “misrístico” hace mucha espuma, el “oleico” es emoliente y suavizante y el “palmítico” es saturado.

Ahora voy a daros una pequeña lista de los aceites que yo suelo utilizar a la hora de preparar mis cremas y jabones.

Aceite de Oliva: está compuesto, fundamentalmente, por ácido oleico. Penetra muy bien, es muy emoliente, hidratante y suave y, por ello, adecuado incluso para la piel de los bebés. Es perfecto para personas con afecciones cutáneas, pues es antiséptico y cicatrizante, perfecto para la higiene de personas afectadas por hemorroides. También es adecuado para las personas que sufren de reuma o de inflamaciones cutánea. Produce un jabón ligero y cremoso, de pequeñas burbujas compactas y persistentes. Es el utilizado para el llamado “Jabón de Castilla” o “Jabón de Marsella”. Dentro de la gama de aceites de oliva encontramos muchos grados, siendo el más suave y emoliente el aceite virgen, pero hemos de tener en cuenta que esta calidad, y también la de un grado, tienen un fuerte olor, por lo que no resultan adecuados para hacer jabones que luego queremos perfumar. Yo utilizo mucho el aceite de “orujo de oliva” para hacer jabón de Castilla para lavar la ropa (a mano o a máquina) y también para la cocina o limpiadores generales, pero si quiero hacer un jabón medicinal (como el de laurel o alepo) utilizo el aceite de oliva virgen. Este aceite es adecuado para todo tipo de piel.

Aceite o Manteca de Coco: Este aceite es rico en ácidos láurico y mirístico. Es adecuado para las pieles grasas y ayuda al bronceado, pero la gran cantidad de ácido láurico que contiene, aunque lo hace muy soluble y el jabón apenas se enturbia, reseca un poco la piel, por lo que lo mejor es mezclarlo con algún otro que contrarreste este efecto. Hace una espuma rápida y abundante, con burbujas densas pero que no dura demasiado. El jabón de aceite de coco es el único capaz de hacer espuma en agua salada, por eso es el que suelen utilizar los marinos en sus barcos.

Aceite de Girasol: Para pieles normales. Rico en grasas poliinsaturadas y vitaminas E y F, un potente antioxidante. Se absorbe rápidamente y no deja poso graso, muy adecuado para pieles secas y agrietadas porque les aporta juventud y brillo. Hace un jabón blando que cuaja despacio y que produce burbujas medianas.

Aceite de Soja: Para pieles grasas. Tiene el inconveniente de que se oxida e hidroliza fácilmente. Se compone, principalmente, de ácidos linoleico y oleico, y produce una espuma aceitosa, abundante y bastante estable.

Aceite de Almendras Dulces: Para pieles secas, excelente para niños y ancianos. Fundamentalmente oleico, rico en ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados y en vitaminas (incluyendo la E). Cuida las pieles sensibles, inflamadas y prematuramente envejecidas, alivia el picor producido por eccemas, se absorbe fácilmente y no es nada pegajoso. Relaja la piel y produce una espuma compacta y persistente.

Aceite de Jojoba: Más que un aceite es una “cera líquida”. Muy rico en ácido mirístico y proteínas y contiene una sustancia similar al colágeno de nuestra piel. No se enrancia, es antiinflamatorio, excelente para pieles enrojecidas o inflamadas, mejora las dermatitis, eccemas y la psoriasis. Adecuado para cualquier tipo de piel. Es de los más caros, por lo que yo lo utilizo más bien para cremas, aunque lo añado como “ingrediente adicional” a mis jabones faciales, ya que les da una cualidad fuertemente nutritiva e hidrantante, además de tener un acusado efecto antiarrugas y de protección solar. También es muy bueno para el cabello, tanto en champús como en acondicionadores, pues repara los cabellos frágiles y les da brillo. Su composición le da una cierta similitud con la secreciones de nuestras glándulas sebáceas, ayudándonos a proteger la capa ácida natural de nuestra piel y regular su grado de humedad. Tiene la ventaja añadida de ser un buen portador de perfumes pero, a la hora de utilizarlo como base vegetal para hacer jabones, tiene el inconveniente de que saponifica muy mal.

Aceite de Germen de Trigo: su elevado contenido de vitamina E o tocoferol lo convierte en un potentísimo antioxidante con efectos conservantes en cualquier tipo de preparado. Esta vitamina resiste al calor, a los ácidos y a los álcalis (por lo que sobrevive a todo el proceso de saponificación). Es un potente vasodilatador que activa la circulación sanguínea y la masa muscular prolongando la vida de los tejidos. Además de la vitamina E contiene proteínas, vitaminas B1, 2, 3 y 6, cinc, hierro, potasio, sulfuro, fósforo, lecitina, provitaminas A y D y ácidos linoleico y oleico. Es muy nutritivo ideal para pieles escamadas o envejecidas, que alivia los picores, el eccema y la psoriasis, ayuda a la curación de las quemaduras solares y sobre el cabello produce un efecto reparador. Es un fantástico antiarrugas, pero tiene el inconveniente de su fuerte olor que no se neutraliza con perfumes.

Miel: aunque en principio no pensemos en ella, este delicioso y beneficioso producto también es una grasa y, a pesar de que su elaboración procede del mundo animal, su composición se basa en principios vegetales. Contiene aminoácidos esenciales, ácidos orgánicos, sales minerales, azufre, fósforo, sodio, potasio, calcio, magnesio, hierro, cobre, manganeso, … y sus ¾ partes son glúcidos (azúcares). Contiene también todas las vitaminas (excepto la A) y tiene un componente antibiótico. Es muy emoliente, antiinflamatorio, calmante, relajante y bueno para pieles sensibles, niños y ancianos. Ayuda a curar los procesos gripales mediante la absorción cutánea de sus propiedades. Hace jabones dulces y delicados pero blandos.

Cera de Abejas: Al igual que la miel tiene la consideración de grasa vegetal y produce un efecto ligeramente balsámico. La podemos encontrar en diferentes texturas según haya sido procesada para la venta. Normalmente se consigue en escamas y en los formatos “amarillo” o “blanco”, siendo la segunda más modificada que la primera. Utilizo la blanca para ligar cremas y jabones, pero uso la amarilla cuando la preciso como ingrediente esencial. El jabón hecho con ella no contiene glicerina, sufre un proceso de cuajado bastante más acelerado y endurece el jabón (por lo que es ideal para mezclar con la miel).

Manteca de Cacao: Es una grasa sólida y muy aromática, rica en teobromina (un alcaloide) y que también contiene cafeína. Estupenda para pieles secas, muy emoliente, calmante y rica en ácidos palmítico, oleico y esteárico. Es poco soluble, por lo que produce jabones turbios y opacos que hidratan y nutren en profundidad y que hacen innecesaria la posterior aplicación de una crema o loción hidratante. Tiene un aroma muy agradable y es muy adecuado para hacer barras de masaje y bálsamos labiales.

Aceite de hueso de Albaricoque: Para todo tipo de pieles, las regenera y da lustre, muy penetrante y muy beneficioso, especialmente, para pieles desvitalizadas, secas, hinchadas o prematuramente envejecidas. Rico en ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados, vitaminas y minerales. Es algo caro, por lo que yo no suelo utilizarlo para jabones a no ser que lo añada como ingrediente adicional. Sin embargo, es excelente para elaborar cremas faciales.

Aceite de Rosa Mosqueta: Este aceite es muy beneficioso para la piel. Sus propiedades cicatrizantes y regeneradoras lo convierten en un aceite con más consideración medicinal que cosmética, formando parte de las recomendaciones de muchos dermatólogos y cirujanos, pues está especialmente recomendado para aplicar directamente sobre tejidos en procesos de cicatrización, haciendo que las marcas finales en la piel sean menos visibles y que el tiempo de curación se reduzca de manera significativa. Yo lo utilizo como ingrediente añadido en mis jabones dirigidos a las personas con afecciones cutáneas del tipo de eccemas, psoriasis o acné, puesto que ayuda a la curación y evita que queden marcas en la piel.

Preparados oleaginosos o Maceraciones: No todas las plantas sirven como fuente de aceites vegetales, pues la mayoría de ellas no responden al prensado. Esto no significa que tengamos que renunciar a las maravillosas cualidades que contienen, únicamente nos obliga a buscar procesos que nos permitan extraer sus principios activos y sus propiedades beneficiosas para poder aprovecharnos de ellas a la hora de crear distintos preparados. Uno de estos procesos es la “maceración”, que consiste en mantener durante cierto tiempo las plantas sumergidas en aceite para que éste absorba todos sus beneficios.

Para macerar una planta en aceite seguiremos los siguientes pasos:
  1. elegir las plantas y el aceite que más se adecúe a nuestras necesidades (yo utilizo el de oliva o el de girasol)
  2. calcular las proporciones en función de la concentración que deseemos (en mi caso suelo utilizar una parte de planta o hierbas por dos de aceite)
  3. triturar las plantas o hierbas en un mortero mezclándolas con unas gotas de aceite hasta que se forme una pasta espesa
  4. mezclar con el aceite restante y remover hasta que el preparado quede homogéneo
  5. envasar y dejar reposar de dos a cuatro semanas
  6. colar con unas gasas, pasar a envase definitivo y etiquetar
  7. se pueden introducir en el envase unas ramitas u hojas sin deshacer de la planta, lo que le dará un aspecto más bello y nos permitirá identificarlo sin necesidad de mirar la etiqueta
  8. se puede añadir una cucharada de aceite de germen de trigo al preparado para ayudar a una mejor conservación.

Con este proceso habremos descompuesto las células de la planta y el aceite base habrá absorbido sus aceites esenciales y sus principios básicos.

Algunas de las plantas que yo utilizo para las maceraciones son el árnica (por sus propiedades curativas y cicatrizantes), la caléndula (planta maravillosa, buena para todas las pieles y todas sus afecciones), las semillas de zanahoria (potente antioxidante rico en vitaminas A y C, adecuado para pieles secas y agrietadas) y el escaramujo (conservante natural rico en ácidos grasos esenciales, hidratante y rico en vitamina C).

Y con esto espero que tengáis la información suficiente para elegir los aceites y grasas más adecuados para la elaboración de vuestros jabones y, si más adelante queréis adentraros en el mundo de la cosmética, conocerlos para la fabricación de cremas y leches de belleza.

martes, septiembre 26, 2006

Herramientas y principios básicos para fabricar jabón:

El jabón es, en esencia, una sal que se forma mediante la mezcla de una o varias grasas y de un líquido acuoso mediante un componente alcalino. Por tanto, el jabón necesita de un álcali, en nuestro caso la sosa (hidróxido de sodio) para jabones duros, o la potasa (hidróxido de potasio) para jabones blandos. Estos álcalis son cáusticos, queman, han de tratarse con mucho cuidado, sobre todo cuando los mezclamos con un líquido (para hacer lo que llamamos "lejía"), pues no sólo es cáustico el preparado, sino también los vapores que de él emanan.
Así que, antes de empezar a fabricar jabón, es necesario que tomes las siguientes precauciones:
  1. Elige una habitación amplia, despejada y con una buena ventilación.
  2. Utiliza una superficie firme y lo suficientemente amplia como para que puedas trabajar de pie sin hacerte daño en la espalda. Si necesitas proteger tu mesa de trabajo coloca sobre ella un hule, esto facilitará las tareas de limpieza.
  3. No permitas la presencia de niños o animales domésticos en tu lugar de trabajo.
  4. Ten cerca un grifo de agua corriente por si entras en contacto con la lejía.
  5. Respeta siempre las proporciones, la falta de sosa o de potasa producirá un jabón que no cuaja, pero el exceso hará que tus jabones sean demasiado alcalinos, con lo que su utilización hará que nuestra piel se despelleje y, en casos extremos, puede provocar graves quemaduras.

Para protegerte a ti mismo, es necesario que cuentes con los medios adecuados:

  1. Guantes de látex o de vinilo. Yo los utilizo desechables porque se ajustan mucho mejor a las manos, pero otros artesanos prefieren un tipo de guantes que se puedan reutilizar para evitar residuos en la medida de lo posible. En cualquier caso, no olvides que el látex y el vinilo son reciclables y van en el contenedor amarillo.
  2. Gorro para el pelo. Se utiliza para asegurarse de que no va a caer ninguno de tus cabellos en el jabón. Yo únicamente lo utilizo cuando preparo algún jabón especial, de tocador, infantil o medicinal, pues las personas que utilizan mis productos no quieren encontrarse con mis pelos mientras se cuidan.
  3. Bata de laboratorio. La mía es blanca, la normal de laboratorio. También puedes utilizar un buen delantal, pero la bata cubre mucha más superficie de tu cuerpo y, por tanto, te protege mucho mejor de las salpicaduras.
  4. Mascarilla. Es para evitar los vapores de la lejía. En mi caso son de papel y desechables, aunque cada una de ella la utilizo varias veces, después les separo los enganches y la goma y cada componente lo tiro en el contenedor correspondiente.
  5. Gafas. Protegen tus ojos de los vapores y las salpicaduras. Os recomiendo que las utilicéis, pues una quemadura en un ojo es una cosa muy seria.
  6. Calzado cómodo. Un resbalón a destiempo puede provocar una catástrofe, asegúrate de estar cómodo y de que tus pies se asientan bien sobre el suelo.

Necesitas también hacerte con el menaje y utensilios necesarios para todas las fases de la elaboración:

  1. Recipientes de acero inoxidable o vidrio. Los que utilices para hacer jabón nunca deben ser utilizados para ninguna otra cosa, pues podría darse el caso de que un mínimo fallo en la limpieza de los mismos derive en que se arrastren restos de lejía que contaminen cualquier otra preparación. Unicamente vamos a utilizar acero inoxidable y vidrio, pues son los que van a aguantar el desgaste de los álcalis sin deteriorarse. En mi caso utilizo jarras de pirex y pequeños cazos de acero inoxidable. También es importante que sean aptos para poner sobre el fuego, pues aunque la mayor parte de las recetas van a ser de jabones en frío, hay veces en las que tenemos que recurrir a una fuente de calor.
  2. Cucharas, cuchillos, espátulas y batidores de acero. Son para trabajar la lejía y, más tarde, la pasta de jabón.
  3. Medidores, dosificadores, goteros... de vidrio, goma o plástico. Son para calcular las proporciones de los líquidos, aceites y añadidos y dosificarlas correctamente.
  4. Moldes adecuados para la pasta de jabón. De plástico, acero inoxidable o vidrio. Se utilizarán únicamente para el jabón, por la misma razón que los recipientes del punto 1.
  5. Recipientes de recogida adecuados. Ten la precaución de organizarte un sistema de recogida de residuos que respete el medio ambiente, separa los plásticos, las latas, los vidrios, los aceites del resto de los residuos orgánicos y deposita cada uno en su lugar correspondiente.
  6. Palanganas para la neutralización de los productos utilizados. Las herramientas que utilizamos para la fabricación del jabón quedan, cuando terminamos, con restos de lejía o de pasta de jabón en un alto estado alcalino, por lo que el contacto directo con ellos puede provocarnos quemaduras y eccemas. Cuando termines de utilizar tus cacharros, mételos dentro de una palangana con una disolución bastante concentrada de agua con vinagre de manzana, el ácido del vinagre neutralizará los alcalinos y así, pasada media hora, puedes fregar tranquilamente todo lo que hayas utilizado. Eso sí, friega con guantes, no vaya a ser que quede algún resto sin neutralizar y tengamos un disgusto.
  7. Tiras para hacer el testado de PH. El PH que debe tener nuestro jabón una vez esté completamente hecho ha de estar entre 7 y 9, que son los parámetros más adecuados a nuestra piel.
  8. Cuaderno de notas y bolígrafo. Es muy útil anotar las impresiones que nos producen las texturas que obtenemos, los tiempos que dura cada fase y cualquier otra cosa que se nos ocurra que nos permita ir avanzando en nuestros conocimientos y técnica de artesanos jaboneros.
  9. Receta. Antes de ponerte a trabajar asegúrate de tener a mano la receta que vas a utilizar en la que han de estar perfectamente expresadas las cantidades exactas de cada uno de los componentes.

Si tienes en cuenta estos principios básicos y te provees de las necesarias herramientas y accesorios que te he indicado, ya estás preparado para la fabricación artesanal de tu propio jabón.

sábado, septiembre 23, 2006

Definiciones básicas del jabón:

¿Qué es el Jabón Natural?

El jabón natural es una "sal", esta sal es el resultado de un proceso de hidrólisis o saponificación que permite que se mezclen los aceites vegetales con las aguas en las que van incorporados los ingredientes activos de nuestras plantas, ya sea por procesos de decocción, extracciones o tinturas o simple infusión. Un álcali, en nuestro caso la sosa o la potasa, es el encargado de conseguir que este proceso se lleve a cabo, ya que el agua y el aceite no son capaces de mezclarse por sí sólos.
La cuidadosa elaboración de nuestros jabones lleva incorporada una meticulosa medicion de las cantidades y la verificación de que las consecuencias alcalinas del producto emulsionador queden total y absolutamente neutralizadas, lo cual se consigue, además de por un absoluto cuidado y seguridad en el proceso, con el mantenimiento durante un mínimo de treinta días de todos los jabones en un ambiente caliente, oscuro y seco que complete al cien por cien el proceso de hidrólisis. Finalmente, y antes de disponer de nuestros jabones, les hacemos un test de alcalinidad para asegurarnos de que el PH del producto final es totalmente neutro y, por tanto, adecuado para el consumo humano.
¿Qué es el jabón de glicerina?
La glicerina es un subproducto resultante de la elaboración del llamado "jabón de Marsella o de Castilla", es decir, de la manufacturación del jabón natural de aceite de oliva.
En los jabones que vamos a manufacturar, nosotros conservamos toda la glicerina generada, pero es habitual que las grandes empresas separen este subproducto que, en realidad, se trata del glicerol, el alcohol que forma parte de la composición del aceite de oliva. Este producto, el glicerol, es del tipo que llamamos "humectante", es decir: atrapa las partículas de agua y las acerca a nuestra piel, produciendo así una agradable sensación de hidratación y frescura.
Con este glicerol se hacen barras base de "jabón de glicerina" que, tratadas en caliente y con la adición de aceites vegetales como el de almendras dulces, rosa mosqueta, caléndula, etc... resultan grandemente enriquecidas y son muy adecuadas para la higiene y cuidado de las pieles más sensibles (como las de nuestros niños y bebés). Si además de estos aceites les añadimos extractos o tinturas de plantas de cultivo ecológico que les aporten vitaminas, nutrientes, otros principios esenciales que ayuden a fortalecer ese órgano tan grande e importante como es nuestra piel, obtenemos entonces jabones absolutamente nutritivos, hidratantes, limpiadores y de evocadores aromas que, además de para nuestro tacto, son verdaderas terapias para otros sentidos como la vista y el olfato.

Lo que la Naturaleza puede hacer por ti:

Arcana Natura nace como resultado de las inquietudes de una mujer que es artesana por tradición familiar, naturista por afición y fitoterapeuta independiente, con amplia experiencia en el mundo de la docencia y habitante de una maravilloso parque natural, que desea compartir sus conocimientos y experiencias con niños, jóvenes y adultos interesados en mejorar su calidad de vida, su aspecto exterior, que deseen aprender a planificar sus actividades dentro de lo que podemos llamar un "desarrollo sostenible", aprovechando lo que la Naturaleza nos da y sacándole el máximo rendimiento pero tratándola, a un tiempo, con el máximo respeto. Se trata de devolverle al mundo natural los mismos favores que tomamos de él.
Esta filosofía ha dado lugar a la creación de una línea de cuidado natural para todo tipo de personas, de cualquier edad y cualquier tipo de piel, cuyas recetas pongo ahora a vuestra disposición a través de este blog.
Además pretendo crear, en un futuro próximo, un programa de cursos, seminarios y talleres con los que pretendo acercar a los niños el conocimiento y la comprensión de su medio ambiente natural, ayudar a los adultos a participar en los procesos de reciclaje y utilización de las materias primas de carácter ecológico, terapias de relajación aprovechando las cualidades aromáticas de las plantas, sus colores y sus texturas, cosmética natural de elaboración casera...
Este pequeño proyecto presume de ser totalmente ecológico y artesano y su práctica y experimentación están ubicadas en un ambiente natural que se ajusta totalmente a mi filosofía y que, ya que no soy ajena a la gran relevancia que actualmente tienen las tecnologías y concretamente Internet, me aprovecho de ellas para ofrecerte, en todo momento, las mayores garantías de calidad, comodidad y seguridad a la hora de elaborar tus propios productos.
¿Por qué Arcana Natura?
Arcana Natura es una idea cuyas intenciones pasan por la propagación de una conciencia de tradición natural, que permita un retorno a las cosas buenas del pasado huyendo así de los derivados del petróleo que saturan los productos que nos aplicamos nosotros y a nuestros hijos, de todos los E-..., los C-.., los EDTA, de los "perth" y "parabens" y de todas esas substancias extrañas que invaden los prospectos de cremas, jabones, geles y potingues varios que nos echamos por encima de manera indiscriminada debilitando así nuestra piel y eliminando la capa natural de protección que hacía que nuestros antepasados no tuviesen que sufrir tantas alergias o tantas infecciones como nosotros.
¿Por qué hemos de cuidarnos?
Si tomamos en nuestras manos el bote de gel o champú que habitualmente utilizamos, nos encontramos con que la inmensa mayoría de sus componentes son absolutamente desconocidos para nosotros, escritos en otro idioma, con nombres excesivamente técnicos o de modo totalmente incomprensible, ¿no será que esta es la única manera de que no nos enteremos de que la mayor parte de estos productos son claramente perjudiciales para nuestra piel y nuestro cabello?
Mis recetas de geles y champús están elaborados con base de "betaína de coco", un espumante natural procedente de dicho fruto que es el vehículo en el que macero mis plantas para extraerles sus principios esenciales, al que añado mis aceites, tinturas y extractos, colorantes y espesantes naturales para que el producto resultante, no sólo resulte adecuado a mi tipo de piel o de cabello, sino que me aporte los beneficios añadidos de la colorterapia, la aromaterapia y una textura gelificada que resulte muy agradable a la hora de su aplicación.
Nuestro cabello, expuesto a las inclemencias del tiempo, al secador, al cepillo, a los tintes... además de determinados estados carenciales derivados del estrés, el agotamiento, una alimentación inadecuada, exigen de nosotros que le prestemos una atención mucho mayor de la que supone la simple higiene, aunque tal higiene se haga con las mayores garantías y con los productos más adecuados. El pelo requiere que lo nutran, que lo acondicionen y que lo reparen, con lo que adquirirá una mayor vitalidad y brillo que harán de él una de nuestros grandes atractivos: un pelo mate y sin vida anulará totalmente la belleza de nuestro rostro, por tanto, no niegues a tan importante marco de tu hermosura el trato más adecuado.
Si son estas las cosas que tienen que ver con el cabello... imagina todo el cuidado que puede necesitar tu cuerpo, o tu rostro, o el de tus niños...
Unas sales de baño, un saquito e hierbas aromáticas a través del que se filtra el agua de la ducha, una cataplasma de extractos frutales o herbales con sales y jabones naturales que ayudan a calmar nuestra piel cansada, baños de pies que nos relajan a través de la piel y del olfato... estos y otros muchos son los sencillos placeres que diferencian la forma en la que nos enfrentamos al baño o a la ducha, la elección es simple: podemos limitarnos a cumplir con las obligaciones de nuestra higiene, o... podemos convertir estos momentos en algo que no sólo limpie nuestro cuerpo, sino que también lo cuide en profundidad, relaje nuestra mente y ofrezca satisfacción a todos nuestros sentidos (ya sea individualmente o en pareja).
¿Qué te ofrezco?
La oportunidad de utilizar tus propios productos, elaborados de manera artesana y natural por ti misma, con la ventaja de contar con mis indicaciones y experiencia, pues he dedicado mucho tiempo al estudio y recopilación de recetas antiguas y tradicionales que tan buen resultado dieron a nuestras abuelas y a nuestras tías. Este tiempo entregado a la investigación, a la experimentación y comprobación de cada una de las mezclas recopiladas, unido a la experiencia acumulada y a las mejoras que vienen dadas por las continuas pruebas y el análisis de muestras y prototipos han dado lugar a un abanico muy amplio de jabones, geles, champús, cremas, etc.
Todos los productos derivados de las recetas que os voy a proporcionar han sido probados por mí misma y por mis allegados, demostrando así las maravillas de su aplicación en personas de distintas edades, diferentes tipos de piel y problemas varios que afectan a nuestra salud y belleza. Cada una de mis recetas ha pasado por un período mínimo de experimentación y pruebas en personas de tres meses, a lo largo de los cuales se ha ido evaluando, mejorando y complementando hasta alcanzar un grado de satisfacción plena.

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